viernes, 2 de diciembre de 2011

Hoy vivo en un mundo que parece una cárcel de apariencias.

Sisi, esos sueños en los que nada tiene sentido y que cuando se los cuentas a tu mejor amiga os reís sin parar. Si, esos. Esa aceptación de la realidad que conlleva reirse de uno mismo y que es la mejor crítica constructiva contra uno mismo. Los recuerdos viejos, de hace casi un año, pero que no te entristecen aunque deberían, si no que los recuerdas alegremente con nostalgia. Aquellos días en los que un viaje en autobús era divertido y en los que podías pasarte horas mirando por la ventana viendo pasar pueblos y pueblos hasta que la soledad te invadía y volvías a la realidad.

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